Posteado por: pedja32 | 2 junio, 2011

El Pagafantas

¿Aún no sabes lo que es un pagafantas? Bien, ponte en la siguiente tesitura: a un hombre le gusta una chica. La ha conocido hace poco, ya sea en clase, por ser su vecina o pasando una noche tomando una copa. Siente un flechazo y quiere acercarse a ella. Y lo consigue. CONSIGUE ESTAR CON ELLA.

Digamos que ella, en principio, considera su compañía atractiva. Quiere saber de él y no sabe cómo.. así que él se vanagloria hasta límites insospechados de ese inusitado interés… Interés que le ha llevado a intercambiar los números de teléfono. Ya está, misión cumplida: él tiene la forma de quedar con ella. ¡Sí, con esa mujer indescriptiblemente maravillosa y que tanto ha idealizado durante los últimos días!

Bien… llega el momento de quedar, a tomar un simple café. Él llega impecable: su mejor ropa, su mejor perfume, llega puntual a la cita. Y ella… bueno, ella le hace esperar. Le llama por teléfono y dice que aún no ha llegado a casa, que está despidiéndose de unos amigos. Cuando llega va vestida demasiado normal, el pelo recogido en una coleta. Él la recordaba más guapa.

Sin embargo, en esos momentos a él te parece la más guapa.

Y ahí empiezan las primeras decepciones. Decepciones que JAMÁS reconocerá. Jamás dirá que ella no parece hacerle caso. Jamás pensará que ella llega tarde a la cita porque realmente no le interesa como él quiere que ella se interese. Jamás dirá a sus amigos que ella se más bien parezca sentir lástima, en lugar de deseo por él. A su lado, toda esa expresividad y alegría que cualquier hombre desea encontrar en una mujer se ha convertido en caras largas, conversaciones preocupantes y lágrimas.

Sí, incluso lágrimas, porque la chica que nuestro protagonista comenzó a conocer hace cuatro cafés le adora… pero sólo para contarle lo mal que le va en la vida, lo mal que le va en su trabajo, lo mal que lleva su última ruptura… O SU ACTUAL RELACION. Porque de eso va todo esto. Sean fantas, cafés o cocacolas el pagafantas se convierte en el pañuelo de lágrimas de esa chica por la que suspira.

– No sé tío… todo parece irme mal…
– Esther… tú eres maravillosa… en serio, ¿no te ves?
– Ya… eso lo dices tú, y te aprecio… pero no, todo es más complicado
– ¿Pero tú eres tonta? ¿Quieres que te diga una y otra vez todo lo que eres?
– La verdad es que contigo me siento mucho mejor
– Pues yo, Esther… yo… yo voy a estar aquí, a tu lado, siempre que lo necesites
– ¿En serio?
– ¿Pero tú eres boba o qué? Eso ni se pregunta
– Eres… el mejor amigo que tengo, ¿sabes?

¡NNNNGGGGGGGG!

Y ahí suena la primera alarma. La chica llama al chico ‘amigo’. Acabamos de entrar en terreno pantanoso. Acabamos de cruzar la línea que divide la seducción y la amistad. Porque si uno no actúa deprisa, si no se apresura en hacer bien las cosas y enlentece sus movimientos… se acabó toda seducción.

Bien, tras esto comienza el circo laboral. El pagafantas se convierte en pagacines, pagacomidas y pagacenas. Pagacopas no. Para eso están los amigos que ella, junto con sus amigas, conocen en los pubs los fines de semana.

Pero tras esas historias de alcohol y noches vacías, el pagalotodo traga, digiere y procesa cada lamento de la chica en cuestión.

Uno de los días, la chica le pide un favor especial: Oye, ¿puedes venir a casa? No sé qué me ha pasado en el ordenador, tío… Lleva bloqueado una hora.

Y claro, allí se presenta el pagafantas, también de mecánico a domicilio. El problema es que según se presenta, ella bajaba a jugar al paddle con dos amigas a las pistas de la urbanización. Con paciencia santa, él se pone a arreglar el trasto; la ventana desde donde él arregla el PC la ve jugar el primer partido y él sonríe, enamorado.

Suponemos que es más fácil asumir que ella es la mala, que ella es la retorcida, y que el ego de la mujer es el principal causante de las desgracias masculinas. Sin embargo, la culpa es de ese hombre. Un hombre que TAN POCO SE QUIERE A SÍ MISMO, ques es capaz de darse poco o nada. Y tan poco se da, y tan poco piensa que se merece, que idealizar a esa chica y recibir lo mínimo de ella le parece justo. Inconscientemente pensará: ‘¿yo con ella? ¿Con Esther? ¿Con ese poderío de mujer?’ Y esa afirmación, tan destructiva, le servirá para ir de amigo, cuando lo que en realidad quiere es ser novio

Moraleja:never never never seas un pagantas

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